Caso Paolo Guerrero: 3 lecciones corporativas que nos deja la decisión final del TAS

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Ya han pasado dos días y los hinchas peruanos siguen con la herida fresca tras la decisión final del TAS. Paolo Guerrero se queda sin Mundial y, a parte del apoyo que le muestran sus más fieles seguidores (entre ellos, por supuesto, su madre), hay enseñanzas a nivel de reputación y gestión de crisis que este suceso nos deja:


1- No todo se trata del Mundial

Una enorme cantidad de peruanos culpa a Paolo por apelar el fallo anterior, el cual le reducía la pena a seis meses y le permitía participar en el certamen. Sin embargo, no todos tienen en cuenta que esto se trata de un tema reputacional y varios intereses comerciales asociados. Aceptar ese fallo existiendo la posibilidad de apelarlo y salir 100% limpio significaba reconocer la culpa; pero el jugador creía (y aún cree) en su inocencia.   

Paolo Guerrero fue claro al decir que no solo se trata del Mundial de Rusia 2018, sino de su carrera como futbolista profesional. Hablamos de un deportista que, a raíz de su presencia en el mayor certamen deportivo del planeta, se ganó contratos millonarios con varias marcas, entre las que destacan el Banco de Crédito del Perú, Samsung, Milo, Oreo y otras más.

A nivel de marca personal, no era nada conveniente quedar como un deportista sancionado por consumir drogas, más aun si varias de sus marcas patrocinadoras tienen como público objetivo a los niños y adolescentes. Y por si esto fuera poco, la World Anti-Doping Agency apeló en favor de ampliar el castigo, por lo que la continuación del conflicto era inevitable de todas formas, así como el posible resultado definitivo (ahora real).

Pero claro, todos sabemos que el final fue inesperado por la mayoría (y por el propio Guerrero), llevando a un escenario económico muy difícil para el futbolista. ¿Cómo reaccionarán las marcas patrocinadoras? Este artículo de El Comercio lo explica.  


2- La importancia del autodominio de los primeros perjudicados: Paolo y su familia

Mediáticamente, la actitud de Guerrero estuvo dentro de los marcos correctos. Lejos de mostrarse alterado y maldiciente, expresó su obvio malestar apelando en su justa medida a sus emociones y a las emociones del pueblo peruano. Con eso, no ha hecho más que aumentar el apoyo de la gente, aunque por desgracia ello no vaya a devolverle su participación en Rusia.  

Sin embargo, no podemos decir lo mismo de su madre. Ella, a diferencia de Paolo, no dudó en mostrar su frustración y dar rienda suelta a sus emociones, culpando a la Federación Peruana de Fútbol y a Claudio Pizarrro por armar un supuesto complot en detrimento de su hijo.

Por suerte, Doña Peta no fue más lejos en sus declaraciones gracias a —según se cree— las recomendaciones de los abogados de Paolo y otros familiares. No es difícil imaginar un escenario más complicado si dichos consejos hubiesen estado ausentes: un escándalo mucho mayor, un Claudio Pizarro pensando en una denuncia por difamación, un Paolo Guerrero afectado públicamente por actitudes sobreprotectoras de su madre, etc.

Una vez más, se trata de manejar la crisis de la mejor manera y cuidar la marca personal.


3-  La importancia del autodominio de los otros perjudicados: los patrocinadores

Tras la decisión final del TAS, los intereses comerciales de los patrocinadores de Paolo están comprometidos. ¿Qué sentido tiene apostar por un jugador que perderá visibilidad por su ausencia en el Mundial? Ante un panorama de tal magnitud, lo más lógico parece ser desentenderse del capitán de la selección en los mejores términos posibles.

No obstante, esa decisión significaría entrar en conflicto con la conversación pública, la cual está destacando por el apoyo moral hacia Guerrero. BCP es la organización que mejor ha entendido dicha realidad, ya que ha ratificado su compromiso con el número 9 de la selección nacional.

Es verdad que la ausencia de Paolo en Rusia 2018 traerá dificultades comerciales si se mantienen intactos los acuerdos, pero optar por decisiones sin empatía puede ser peor si consideramos de qué lado está la hinchada. Aquí no entra solo el factor económico, sino también el reputacional (¡Hola Swissotel Perú!).

¿Qué lección a nivel corporativo crees que hizo falta mencionar?

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