La institucionalidad como plataforma de desarrollo empresarial y social

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Así como los seres vivos tienen a la supervivencia como su instinto más fuerte, la mayor preocupación de las organizaciones es no perder vigencia en el tiempo. No hay institución que no quiera ser sostenible a lo largo de las décadas; no existe empresa que asuma con tranquilidad la idea de estancarse en el mercado. Por eso, todas (o las que son conscientes de la realidad) apuestan por la innovación y la completa atención a los cambios que se pueden presentar.

Debemos comprender y aceptar que la vigencia y reputación de las organizaciones está ampliamente regida por la institucionalidad. Este concepto engloba todos los principios, valores, ideas, creencias y representaciones de la sociedad que regulan el comportamiento de los miembros de una organización. Y por más que algunos piensen —erróneamente— que solo rige para el sector público, la verdad es que el privado también debe ceñirse a ella.

Es muy fácil caer en conductas no institucionales, pues no hace falta actuar con malicia ni con una dudosa ética de forma deliberada. El simple hecho de llevar a cabo acciones basadas en meras suposiciones o creencias personales, y sin una investigación previa de mercado o sin la asesoría de expertos, es suficiente para que una organización carezca de institucionalidad.

Por el contrario, las prácticas sustentadas en la transparencia, en la responsabilidad social y en los manuales de conducta, tienen —naturalmente— las facultades para regular el proceder de los altos cargos y demás colaboradores de las empresas. Así se asegura que el aporte de la organización a la comunidad sea constante y, por lo tanto, que hablemos de una empresa que genera institucionalidad.

Entendiendo esto, cabe preguntarse:

¿Cómo una organización puede mantenerse supeditada a los valores institucionales?

Básicamente, se necesita estar atento a la conversación pública, lo que significa considerar la sensibilidad del momento en torno a ciertos temas. Asimismo, conviene estar informado y evitar las decisiones intuitivas o basadas en razonamientos personales, porque así será fácil violar valores institucionales aun cuando esa no haya sido la intención.

Lo anterior, en gran medida, comprende la necesidad de establecer protocolos o manuales con el fin de regular o evitar conductas inoportunas.

La institucionalidad como clave para el crecimiento empresarial

Aunque muchos vean la institucionalidad solo como un intangible, hay que rescatar su importancia para la mejora de la competitividad y los ingresos de un negocio. Sucede que el marco institucional influye fuertemente en las inversiones, en la producción y distribución de los beneficios y costos derivados de una estrategia de desarrollo.

La responsabilidad social

La RSE es parte fundamental para la generación de sostenibilidad, por eso indicamos que hay que estar atentos a la opinión pública. Vivimos tiempos donde existe una sensibilidad especial sobre temas medioambientales, de desigualdades sociales y de género. No atender a estas problemáticas significa una evidente carencia institucional.

Un reto difícil

La institucionalidad es vital para el desarrollo no solo de las empresas, sino del país, ya que —si es respetada y generada por todas las organizaciones—  contribuye a la generación de empleo, mejores ingresos y disminución de pobreza. Todo lo anterior representa un reto más que complicado en países como el Perú.

La institucionalidad en el Perú es muy débil

La institucionalidad es clave para acceder al primer mundo. Sin embargo, según los Reportes de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, desde el 2011 al 2016, nuestro país descendió 21 posiciones.

Para remediar esto es necesario examinar los problemas de estabilidad política y los conflictos sociales, que son justo los dos aspectos más deficientes de la institucionalidad peruana. Todo un desafío en sí mismo, cuya solución no yace en reformas copiadas de otros países, sino en su adaptación a nuestras realidades particulares.

Queda claro que la institucionalidad, como conjunto de valores sociales que modelan a las organizaciones, es valiosa por contemplar el crecimiento integral del territorio en donde se desarrolla, tanto a nivel corporativo como social en general.

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