Autocomunicación de masas: la ruptura del poder de los medios

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La comunicación, en estos momentos del siglo XXI, es completamente distinta a lo que cualquier generación anterior pudo haber imaginado. Uno de los paradigmas que ha cambiado para siempre es la comunicación de masas, la cual ahora es de redes, porque todos somos redes de contenido.

Antes, los medios eran los únicos emisores de información, mientras que las masas se limitaban a ejercer el papel de receptores. Sin embargo, gracias a las nuevas tecnologías, esta relación de poder se ha vuelto mucho más dinámica y, en no pocas ocasiones, desigual en favor de los ciudadanos de a pie.

Las personas ahora son consumidoras activas, por lo que pueden elegir a qué emisor escuchar y a quien ignorar sin ninguna contemplación. Asimismo, los medios ya no son lo únicos capaces de comunicarse a nivel global. Un simple individuo o grupo de personas puede dirigirse a una gran audiencia a través de Youtube, twitter o un blog, hasta el punto de ejercer influencia por medio de esas herramientas.

A esta realidad se le conoce como autocomunicación de masas, ya que ellas pueden generar fuentes de información para sí mismas, llegando con frecuencia a ser más exitosas y populares que las profesionales. Sobre esta situación, Manuel Castells dice: “los gobiernos odian Internet, porque es un desafío básico a lo que siempre fue el fundamento de su poder sobre la información y comunicación.”

Resulta que dicha ruptura de poder produce dos efectos interesantes: por un lado, las personas eligen qué información recibir y a quién dirigirse; por otro, y como consecuencia, los medios ya no escogen a quién comunicarse, sino que ellos son los elegidos o descartados. Por eso la presión sobre sus hombros es tremenda en todo sentido; les cuesta demasiado ganar credibilidad en un mundo que ya no les tiene confianza.

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