¿Qué significa ser disruptivo? 5 mitos sobre la disrupción

0
1019

Artículo relacionado: 5 mitos acerca de la innovación que no deben desalentarnos

En el mundo corporativo, los tiempos acelerados que vivimos fomentan la aparición de ciertas modas conceptuales como la transformación cultural, la transformación digital, la innovación y la disrupción. El auge de esos términos, aunque positivo en principio, tiene como contra que mucha gente los acopla a su vocabulario bajo un entendimiento muy superficial, o incluso impreciso.

En esta ocasión hablaremos de la disrupción, una palabra que los innovadores repiten todos los días con mucho entusiasmo, pero que probablemente no comprenden del todo o confunden con otros conceptos asociados.

¿Qué es la disrupción?

Si nos aferramos a la simple definición, disrupción significa interrumpir algo de forma abrupta y sin que aparentemente alguien se lo espere. Por lo tanto, si aplicamos esta palabra a la vida práctica, ser disruptores implica cambiar paradigmas o marcar un antes y después en la forma de hacer las cosas.

Con la velocidad de los cambios tecnológicos y sociales, las empresas tienen en claro que la vigencia en el mercado depende de la capacidad por marcas la diferencia. De ahí viene que actualmente exista una obsesión por ser disruptivos. Hay mucho entusiasmo al respecto, pero también varias ideas imprecisas, las cuales contribuiremos a erradicar a través de la exposición de ciertos mitos.

Mitos de la disrupción

1- Innovación es igual a disrupción

Aunque parezca que ambas palabras significan lo mismo, lo cierto es que la disrupción es un tipo específico de innovación: la innovación disruptiva. Conviene saber que, mientras innovar (a secas) es desarrollar cambios positivos en procesos que ya existen, y que aceleran la consecución de resultados, la innovación disruptiva revoluciona los modelos e impacta significativamente en la industria.

2- La disrupción es siempre rápida:

El primer mito de la lista surge precisamente por apegarnos a la definición literal del término. En el mundo de la innovación, incluso disruptiva, no encontramos algo que haya hecho cambios bruscos de la noche a la manaña, sino de procesos graduales (de años) más rápidos o lentos según una serie de variables contextuales.

3- Ante la disrupción, la competencia desaparece

Bajo la idea radical de “disrupción o muerte”, a menudo imaginamos un mundo apocalíptico y salvaje, donde una empresa dotada se alza sobre las nubes mientras las demás están en el fracaso, recogiendo migajas y lombrices del subsuelo.

Sí, es verdad que existen ejemplos donde la disrupción trajo como consecuencia la desaparición de los competidores, como el caso de Netflix sobre Blockbuster, pero lo más normal es que las organizaciones viejas (cuyo modelo de negocio está en proceso de obsolescencia) convivan con las nuevas (las disruptivas) durante años si conservan la fidelidad suficiente de un sector de su público, ya sea por temas geográficos, culturales, generacionales, etc.

La disrupción no significa ser un guerrero conquistador que busca arrasar con todos a su paso, sino demostrar que existe más de una forma de hacer las cosas, aunque previamente parezca que no. Obviamente, quien trae los cambios positivos abruptos es quien se llevará el pedazo más grande del pastel.

4- La disrupción reemplaza modelos

Si entendemos la conclusión sobre el mito anteriormente mencionado, comprenderemos que una idea disruptiva no exige subirse a un bote y dejar que el resto se ahogue, sino encontrar nuevas maneras —hasta el momento insospechadas— de alcanzar ciertos objetivos.

En ese sentido, la disrupción por lo general mejora modelos ya existentes, no los destruye y tampoco impide que los demás puedan adaptarse.  Como ejemplo, tenemos a las operaciones bancarias, que se pueden seguir haciendo de la manera más tradicional como de la forma más moderna posible, a través de nuestro teléfono móvil.

5- Sin tecnología, no es posible la disrupción

Es cierto que el factor tecnológico es clave en gran parte de las disrupciones a lo largo de la historia. El alumbrado eléctrico, el auto, el avión, la computadora personal, el teléfono móvil, etc, son ejemplos irrefutables de ello, puesto que la tecnología resulta indispensable para el progreso de la humanidad.

No obstante, eso no significa ninguna exclusividad en cuanto a disrupción, ya que podemos ser disruptivos en la forma cómo nos comunicamos, cómo motivamos al resto y cómo nos organizamos.

La disrupción es una palabra que escucharemos salir de más bocas, pero lo importante es que, lejos de ser una obsesión imprecisa, se convierta en un compás que invite a la superación constante y la satisfacción de mayores necesidades, en sintonía con las presiones que el mundo moderno ejerce sobre la vida diaria de todos.