Prosumidor, el consumidor del siglo XXI

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La comunicación 3.0 y la autocomunicación de masas son los responsables de que el ciudadano tenga gran poder el día de hoy. Las organizaciones saben perfectamente que el público dejó de ser pasivo y, por eso, han hecho diversos cambios en sus formas de comunicación para adaptarse a los nuevos tiempos.

Es en este contexto que hablamos de cierto tipo de consumidor: el prosumidor.

¿Quiénes son los prosumidores?

Ante todo, debemos recalcar que el concepto no es nuevo. Apareció por primera vez en el libro “La tercera ola” de Alvin Toffler (1979), donde se planteó un tipo de consumidor tan involucrado en los productos que consumía, que terminaría convirtiéndose en parte activa de la creación de los mismos. En efecto, prosumidor es la combinación de dos palabras: consumidor y productor.

En su momento esta idea resultó extremadamente descabellada, pero en realidad fue bastante visionaria porque más de 20 años después, en pleno siglo XXI, el contexto ha propiciado este tipo de consumidor y las empresas lo sufren a diario; sin embargo, también lo aprovechan en gran medida.

Considerando lo anterior, se entiende que una gran parte de los consumidores modernos son prosumidores, pues son partícipes en la creación de los productos al servir de feedback con sus críticas, deseos, datos recogidos por las nuevas tecnologías, etc. Los consumidores del presente siglo son, sin ser conscientes de ello, productores de información que influye tremendamente en la creación, destrucción y modificación de productos y servicios.

Características del prosumidor

1- Suele estar muy bien informado: El simple hecho de vivir en la era de la información le permite estar al tanto de lo que sucede en el mercado casi sin ningún esfuerzo, todo gracias a Internet.

2- Puede compartir contenido influyente: Dispone de todo tipo de plataformas digitales para hacer oír sus opiniones, experiencias y recomendaciones. Y si tiene suerte, creatividad y calidad, puede convertirse en una personalidad que ejerza influencia sobre múltiples decisiones ajenas.

3- Es posible que genere dinero: Ligado con la característica anterior, este tipo de consumidores influyentes, al ganar notoriedad, pueden monetizar sus contenidos e incluso vivir de ellos. Como ejemplos tenemos a los canales de Youtube que reseñan productos, algunos logran captar tanta audiencia que se acaban profesionalizando hasta el punto de que algunas marcas les pagan por recomendar o testear sus lanzamientos.

4- Es demasiado exigente: Debido a todo lo expuesto, el prosumidor tiene la sartén por el mango. Su nivel de exigencia es notablemente superior al de décadas anteriores y sabe que la competencia le favorece, por lo que no dudará en cambiar sus decisiones de compra si así lo cree conveniente. Fidelizarlos es más difícil.

Podemos decir que prosumir es un privilegio otorgado por las nuevas tecnologías y no hará más que intensificarse.

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